El 10 de febrero de 1781 en la Villa Real de San Felipe de Austria (Oruro, Bolivia) se dió uno de los llamados gritos libertarios de America Latina, que  continuaba con las rebeliones que se estaban produciendo contra la corona española.
La revuelta libertaria dirigida por Sebastian Pagador y otros caudillos emite la solemne proclama: “Amigos paisanos y compañeros: en ninguna ocasión podemos dar mejores pruebas de nuestro amor a la patria, sino en ésta, no estimemos en nada nuestras vidas, sacrifiquémosla gustosos en defensa de la libertad”.

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